Despertó un verano, en el campo. Saira, en la provincia de Córdoba, era la cita obligada para pasar, al menos, tres meses por año durante su niñez. El pueblito rural, albergaba a sus seis tías que cosían y bordaban, sin cansancio, para atender a la familia, de unos once integrantes. A Nancy, sólo le permitían confeccionar ropa para sus muñecas y las mascotas de la casa. Y no necesitó andar mucho más, ella lo supo. Quería ser diseñadora de modas. Tenía apenas cuatro años.
A los 47, Nancy es diseñadora de modas y profesora de alta costura desde 1988. Pero, no fue sencillo. A los 12 ya tomaba clases de corte y confección, mientras cursaba la escuela primaria, y cosía para su familia. Tiempo después, con sus títulos bajo el brazo, comenzó escaleras arriba su carrera hacia un sueño: poseer su propio taller y destacarse en el diseño exclusivo de ropa femenina. “Me sentía feliz, aunque sabía que era sólo el comienzo.”
Un tablón, dos caballetes prestados y una lámpara de 25 vatios eran lo único que adornaba una habitación de 15 metros cuadrados. Por sugerencia de una amiga, empezó dar clases de corte y confección. “Fue asombroso el resultado, tenía alumnos desde la mañana hasta la noche.” No había tiempo ni siquiera para dormir. Además de dar clases y atender a sus hijos, Nancy aceptaba sus primeros trabajos para diseñar vestidos de novia, por los cuales, en más de una ocasión, no cobró un centavo. Nada la detenía. A veces, un lienzo o una sábana en desuso eran materia prima perfecta para un nuevo diseño.
El tesón y la lucha la llevaron a edificar su sueño. Atrás quedó la vetusta pero siempre querida habitación y se trasladó a un departamento de grandes dimensiones en pleno centro de la ciudad. Primero, fueron dos salas de trabajo. Luego, se anexaron otras para terminar de construir un confortable taller para realizar, al fin, sus prendas únicas con técnicas milenarias.
Desde tres semanas y hasta seis meses, sus vestidos no saben de tiempos para su elaboración y perfección. Pintura sobre seda, encaje de bolillos y macramé, son sólo un adelanto de su capacidad creadora. Cuidar el detalle es el desafío permanente que distingue a sus obras: tan sublimes, tan humanas. Bordar con cristales de Swarowski, nácar o piedras semipreciosas son herramientas válidas para aquellos diseños signados por la exquisitez y la elegancia. Para inspirarse no hay límites. “Ramas y hojas de sauce, islas del Paraná, mariposas, serpientes y tantas otras ideas son siempre bienvenidas para dispararme la creatividad.”
Hoy, Nancy vive su sueño. La gente así se lo reconoció. Eventos sociales, diseños encargados por grandes empresarios de la ciudad y el país, artículos de importantes revistas locales y nacionales, contribuyen al ascenso permanente de alguien que nunca abandonó su destino.
Al viajar por el tiempo, tal vez nunca olvide su primer cliente: un gato al que hubo de colocarle una prenda que, con tanto esmero, aquella niña había diseñado. El pobre animal sufrió y padeció las incomodidades de su vestimenta. Pero, si hoy viviera, andaría orgulloso, por los tejados, y se jactaría de haber sido el primer modelo oficial de Nancy Racca.